Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret

¿Podría explicarme usted quien es la Virgen María?

Una mañana cuando desayunaba yo en la cafetería de un hotel de Roma, se me acercó una muchacha japonesa y en un francés tan tartamudeante como el mío, me preguntó si yo era sacerdote. Cuando le dije que si, me dijo a bocajarro: ¿Podría explicarme usted quien es la Virgen María? Sus palabras me sorprendieron tanto que sólo supe responder: ¿Por qué me hace esa pregunta? Y aún recuerdo sus ojos cuando me explicó: Es que ayer he oído rezar por primera vez el avemaría y, no sé por qué me he pasado la noche llorando.

José Luis Martin Descalzo Tuit

Cuando alguien recibe la gracia de conocer a María de cerca y personalmente….se queda asombrado, sin palabras, conmovido… como si no supiera lo que está pasando. Te quedas inmovilizado por la alegría y la paz interior que te invade, sin saber cómo explicar lo que estás viviendo. Sabes que participas en algo que va más allá de tus capacidades humanas, que se te ha abierto la puerta de un misterio de la vida de fe. Te reconoces y sientes amado y eres plenamente saciado por la sencillez de esta experiencia, queriendo permanecer en ella, adentrarte más profundamente en esos misterios de la vida interior. Estás lleno de alegría , como un niño, que experimenta la cercanía de María como madre. Sus ojos cariñosos y su sonrisa maternal liberan en ti una libertad interior, un sentido del humor, la euforia del niño que se sabe amado. Y, como un niño, siempre quieres estar con ella, cogerla de la mano por así decirlo, estar en sus brazos.

A menudo sé reconocer a aquellas personas que viven una  relación muy profunda con María. Tienen algo muy especial, se parecen a ella. Tienen algo en su interior que te atrae a estar con ellos, a nutrirte, por así decirlo, de su paz y de su felicidad. Son humildes, interiormente libres, felices y, además, centradas en los demás, no en sí mismas. No sólo como toda madre, sino sobre todo como María. Miran a los demás como María les mira a ellos. Tienen un corazón tierno y servicial. Estás con ellas y piensas: yo deseo lo mismo que siente él, que siente ella. No sé lo que es, pero lo deseo – como nuestra japonesa.

A veces, esta gracia llega de forma inesperada, como en el caso de la japonesa. A veces es un proceso más largo.

Puede que alguien se encuentre en un momento de su vida en el que vea a María desde la distancia, la como alguien inalcanzable, fría, desinteresada por nuestros asuntos. Incluso puede sentir una resistencia interior hacia ella. Las razones suelen ser complejas y múltiples – vale la pena hablar de ello con nuestro confesor. Puede ser un efecto secundario tras tener contacto con ciertos tipos de devociones marianas que la presentan como un ser inalcanzable. También puede que sea resultado de una relación difícil con nuestra propia madre, o con la feminidad. Esto debe afrontarse desde el sacramento de la reconciliación y el acompañamiento espiritual.

A veces, la dificultad para establecer una relación personal con María se debe a que no se la conoce de verdad. Es conveniente leer a veces un buen libro sobre ello. Recomiendo para Adviento, por ejemplo, el libro de Fulton Sheen: “El primer amor del mundo (2a edición) María, Madre de Dios” o “Nuestra Madre”. Cada día unos minutos de lectura. Ir tomándo notas, desgranando y reflexionando sobre el libro.

Pero, sobre todo, reza: el Rosario todos los días. Esos avemarias empezarán poco a poco a circular por tu corazón, tu mente, tu cuerpo. Al principio puede ser difícil, pero luego coges el ritmo y ya no puedes parar. Esta oración se convierte en oxígeno para ti, un momento de estar en Su especial cercanía e intimidad.

Recuerdo que cuando era joven sufrí muchas veces de celos, no podía ocultarlos ni deshacerme de ellos. Decidí rezar el Rosario y descubrí que ya en el tercer rosario el lugar de los celos lo ocupaba la paz y la libertad. Aún a día de hoy, sigue siendo mi oración preferida. Rezo muchos Rosarios a lo largo del día. Empiezo y termino la jornada con él. Ya forma parte de mí, lo respiro. A menudo, cuando voy por la calle, hago la compra o por ejemplo preparo la comida, me doy cuenta de que mi corazón vibra constantemente con el avemaría, armonizado con mi respiración.

Es posible vivir en presencia de Dios en todo momento. Así vivió María… guardando todas Sus Palabras en su corazón. JLM Descalzo, arriba citado, decía: Dios poseía a María mucho más que El esposo posee a la esposa. Pero esto significaba también una profunda soledad. María corrió hacia Isabel porque sintió que la comprendería, porque Isabel también formaba parte del plan de Dios. Rápidamente se entendieron, no hicieron casi falta palabras. Aquí es donde María canta su Magnificat.

Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos.»

También nosotros, en nuestra búsqueda de María, necesitamos encontrarnos con personas que la conozcan, que la hayan conocido personalmente. Entonces podremos abrir nuestro corazón. Pero el canto más profundo de gratitud y alabanza sólo lo entonaremos con María, la más bella de todas las criaturas, la más cercana a nosotros.

En Nazaret, el ángel llama a María "llena de gracia": estas palabras encierran su singular destino, pero también, en sentido más general, el de todo hombre. La "plenitud de gracia", que para María es el punto de partida, para todos los hombres es la meta. En efecto, como afirma el apóstol Pablo, Dios nos ha creado "para que seamos santos e inmaculados ante él" (Ef 1, 4). Por eso, nos ha "bendecido" antes de nuestra existencia terrena y ha enviado a su Hijo al mundo para rescatarnos del pecado. María es la obra cumbre de esa acción salvífica; es la criatura "Toda hermosa", "Toda santa".

María, siendo una criatura de Dios, está tan unida a su Creador que es una misma cosa con él. Antes que Pablo pudo exclamar: “No soy yo es Cristo quien vive en mí”(Gal 2,20), Cristo vive en María y María vive sumergida en Dios. Si los místicos hablan del matrimonio espiritual, la primera criatura en vivirlo en su plenitud fue María. María es la mística por excelencia, el arquetipo de la vida contemplativa. Ella no solamente fue madre de Jesús en la carne, sino también la esposa amada de Dios.

Vivir el Adviento a la luz de María conlleva ser personas generosas, que busque el recogimiento, silenciosas y orantes, dándose en cuerpo y alma a Dios, para que él pueda encarnarse en nuestro interior y vivir en nosotros. Si vivimos así el Adviento, la Navidad será una realidad en nuestro corazón.

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