Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret

Las virtudes del hogar – Economía

Gracias a los ponentes María y Pedro, los que asistieron a nuestro Encuentro Matrimonial el sábado 16 de diciembre, pudieron comprender mejor lo que significa la virtud de la economía.

Economía, si hablamos de las virtudes del hogar, significa virtud de la pobreza cristiana, o la sobriedad. No se trata solamente de las finanzas, del dinero invertido en la casa, el coche, la ropa, en los planes familiares…

Cuando hablamos de pobreza nos pueden venir a la cabeza muchas connotaciones negativas, marcadas por los estereotipos de nuestra cultura. Pensamos, que la pobreza se vive solo en los conventos de clausura, con los votos de pobreza, castidad y obediencia. También podemos pensar, que vivir pobremente significa tener y usar menos y menos hasta que vivir como lo hacía Juan Bautista en el desierto… Tenemos que dejar de lado estas connotaciones negativas para que podamos ver la virtud de la pobreza como algo positivo. No se trata de decir NO a todo, pero de saber cómo decir SI.    

Preguntando a CHAT GPT como debe ser una familia pobre, una de clase media, y una de clase alta española, nos muestra varias imágenes. Parece que vivan de manera distinta la pobreza, pero no es verdad. La pobreza (o sobriedad) es válida para todos, porque no tiene que ver con lo que uno tiene o no, sino como se relaciona con los bienes materiales. Santo Tomás de Aquino decía que lo contrario de la pobreza es la avaricia y no definía la avaricia simplemente como el deseo de riquezas, sino como un «inmoderado» deseo de riquezas. Decía también que era aceptable tener «riquezas externas» mientras fueran necesarias para que el hombre mantuviese sus «condiciones de vida».

La sobriedad no tiene que ver con la posesión de los bienes, sino con el equilibrio de los bienes que poseemos. Jesús nos ayuda a comprender mejor ese tema y Él mismo es ejemplo para nosotros. Jesús no decía que fuera malo el dinero. Decía: “No podéis SERVIR al dinero.” (Mt 6, 24) Tampoco decía que fuera malo tener riquezas. Decía que no podemos PONER LA CONFIANZA en el dinero. (Mc 10, 24). Donde está tu tesoro, está tu corazón. El Evangelio nos habla de la pobre viuda que dió todo a Dios, pero también a los reyes magos de Oriente, que iban a  visitar a Jesús, y ofrecerle sus regalos. No significa que los reyes tuvieran que ser  pobres y dejar de ser Reyes, sino que con su riqueza buscaban servir a Jesús. De eso se trata, los bienes materiales son para ponerlos al servicio de Dios y de los demás. Jesús mismo utilizaba los bienes materiales, se ganaba un sustento con su profesión. Tenía una túnica de buena calidad, comía y bebía. Se relacionaba con los pobres, pero también con los ricos (como Mateo, Nicodemo o José de Arimatea). Se puede decir, que Jesús disfrutaba las cosas materiales. Dios nos puso en el mundo para que lo disfrutemos. El problema al final, como con todas las virtudes, es encontrar el justo equilibrio.  

¿Y cómo vivimos la pobreza o sobriedad en nuestra familia? A nosotros nos ayudar recordar, que la familia es la Iglesia doméstica, por lo tanto, nuestro hogar es el templo del Señor, es su morada. Por eso no es baladí cómo cuidamos nuestra casa: qué compramos, cómo cuidamos nuestra ropa, qué cosas usamos, qué juguetes tienen nuestros hijos, qué muebles tenemos en casa, etc. También es importante cómo tratamos las cosas que tenemos, cómo limpiamos nuestra casa para que se mantenga bien. En todas estas cosas damos gracias a Dios, que habita con nosotros en nuestro hogar.

Ahora tocaremos el tema del matrimonio. Lo más importante para el matrimonio cristiano, es saber que somos uno en Cristo. Como  marido y mujer, somos un sólo cuerpo. ¿Cómo no vamos compartirlo todo, incluso lo material? Si el marido trabaja y lleva a casa dinero y  mientras tanto la mujer está en casa, cuidando de los niños, el dinero no le pertenece a él, sino a ambos. Por tanto,  deciden juntos qué hacen con el dinero y cómo lo usan. Ninguno de los dos es más importante, porque gane más o menos dinero. Para vivir bien el tema económico en el matrimonio, o mejor vivir la pobreza cristiana, es importante la mirada antropológica que debemos tener sobre el matrimonio. No somos yo y tú, somos nosotros, un todo. Por eso, no importa quién pague la comida ni con qué tarjeta… 

Si, somos uno y somos observados por nuestros niños. Somos ejemplos para nuestros hijos. Somos los primeros educadores de nuestros hijos, por tanto también debemos educarles en sobriedad y pobreza. ¿Cómo hacemos esto? Lo fundamental es que nosotros, los padres, vivamos correctamente la pobreza. Educar no es predicar, es dar ejemplo. También se trata de equilibro. En el matrimonio puede darse que una persona sea más gastadora o manirrota y la otra más tacaña. Bendito el equilibro que el matrimonio nos brinda en nuestros día a día. 

Cuando nos encontramos con el dilema: comprar o no comprar tal cosa, o cuando los hijos nos piden algo, la primera respuesta que decimos a menudo es no, porque no tenemos dinero. Es un argumento válido, pero no tenemos que quemarlo. Es mucho  más valioso y duradero a la larga preguntarse: ¿Lo necesitamos realmente? ¿Nos conviene? ¿Tenemos que comprarlo ahora o podemos posponerlo? Es muy importante que hagámos participes de este discernimiento también los niños. También debemos educar para que aprendan a saber esperar… Hoy todo nos viene tan rápido (compramos en Amazon y al día siguiente lo tenemos en casa).   Cuidado, tampoco es cuestión de irse al polo opuesto, no sólo ahorrar, sino alcanzar  la tacañería. O  ahorrar siempre, no gastar incluso cuando es necesario, cuando nos conviene algo. El dinero debe ser siempre un medio y no un fin. Vale la pena “invertir en las relaciones” (una buena cena familiar o con amigos, un viaje juntos, un concierto al que acude toda la familia, etc.) Saber utilizar el dinero para estar con los demás, para cuidar de los demás. 

Por último, hablaremos de cómo vivir la pobreza en esta época del año, preparando la Navidad. El tiempo de Adviento nos enseña a esperar la llegada del Señor, esperar con paciencia y penitencia. Lo más importante es el amor que Dios nos regala con su venida y esto no se puede comprar con el dinero. Nos ayuda mucho preparar el Belén en casa y ver la pobreza de Niño Jesús, de María y José. Dios se hizo pobre para enriquecernos. Es importante recordar el misterio del Adviento y de la Navidad.  

Navidad es el tiempo de celebrar la venida del Señor, tiempo de regalos, de la alegría. Es importante saber demostrar cariño a cada miembro de la familia, cuidar la ilusión que experimentan los niños escribiendo la carta a los Reyes Magos. Aprovechamos esa ocasión para hablar con nuestros hijos. La carta tiene que ser personal. Lo primero con lo que debemos comenzarla es valorándo el año que termina y dándo gracias a Dios por todas las cosas buenas. Segundo, pedimos regalos espirituales para los demás, la sociedad, para el mundo entero (como la paz, el descanso eterno para el abuelo, etc…). Con esta carta también les estamos enseñando valorar lo que tienen, a tener lo suficiente, y no ser esclavos de la novedad o el marketing.  Por último, es importante poner límite a los regalos, por ejemplo, se pueden pedir  dos regalos, no más.

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