Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret

“Habla, porque tu servidor escucha”

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Para entender un poco más a Samuel, tenemos que recordar la historia de su familia. Ana, la madre de Samuel y la mujer de Elcana, era estéril y no podía tener hijos. Sufría mucho por este motivo. Un día, rezando, pidió al Señor un hijo e hizo este voto: «Señor de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al Señor para toda su vida». Dios escuchó su oración, Ana cumplió su promesa y Samuel aceptó esta historia en que Dios permite su vida. No la eligió por sí mismo, la decidió su madre por él. Samuel tenía su corazón dispuesto para el Señor; sabe, que el Señor lo está llamando, que ha hecho una elección para él, entonces, no se resiste.

¿Hay algo en mi vida que yo no haya escogido, que rechace?  El Señor en ocasiones hace estas elecciones para nosotros y a pesar de lo que podamos pensar en un principio, no lo hace para hacernos sufrir. Si sabemos aceptar estas cosas, situaciones que Dios ha elegido para nuestro bien, esto sí que cambiará nuestra vida y siempre vendrá acompañado por su gracia.

Volvamos a la vocación de Samuel. El Señor le llama tres veces, pero al inicio Samuel pensó que era Eli quien le estaba llamando. Pero Elí sabiendo que era el Señor quien llamaba al joven le dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha». Cuantas veces en nuestra vida el Señor nos llama, pero nosotros estamos sumergidos en tanto ruido que no le oímos. Cuando ocurrió, Samuel respondió: ¡Aquí estoy! Habla, porque tu servidor escucha. El Señor estaba llamando a Samuel de nochey él pudo pensar: que pesado, me llama justo a estas horas… Pero no, Samuel es obediente al Señor y responde: Aquí estoy, porque me has llamado. 

¿Qué disposición tenemos nosotros en nuestro corazón a responder la llamada del Señor? ¿Queremos hacer la voluntad de Dios, o nos predomina la carne, nuestro lado más humano? Mira Señor, esto no me apetece, esto yo no lo quiero… El Señor nos permite y adjudica una historia que a veces no nos gusta, por ejemplo: una situación económica difícil, enfermedades, un compañero de trabajo que resulta imposible… Podemos decir: esto no es lo que quiero y no lo necesito, y rechazar el plan de Dios para nuestra vida. Sin embargo, tenemos otra opción. Podemos aceptarlo sabiendo y confiando en que la gracia del Señor es siempre más fuerte que cualquier dificultad. 

Luego Samuel supo reconocer que era solo un servidor de Dios, que era pequeño. Reconoce, que Dios le conoce más que él a sí mismo. Esta es la actitud de su corazón: ¡Señor, tu sabes más! Incluso, cuando yo no comprendo lo que me pasa en la vida. Esta es la verdadera disposición de un corazón que vive en la fe.

Samuel escuchó atentamente la palabra del Señor porque quería ser fiel a su palabra y transmitirlo todo exactamente como lo recibió, aunque esto fuera a ser muy duro para los receptores. ¿Nos ponemos a disposición del Señor, incluso cuando sus palabras nos parecen difíciles o nos van a poner en situaciones complicadas? Señor, yo no me resisto, tu sabes más. Con la historia que Señor me regala, mi corazón va a cambiar y podré ser verdaderamente feliz.

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