El pasado 7 abril peregriné a Medjugorje con un grupo de familias. Más o menos éramos alrededor de 100 personas de todas las edades. No es la primera vez que viajo a Medjugorje, pues ya había estado cuatro veces anteriormente, pero sí ha sido muy diferente a todas las demás veces, ya que era la primera vez que viajaba en grupo formando parte de la Congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret. La experiencia ha sido muy gratificante y enriquecedora. Tanto las personas del grupo como las personas que iba encontrando en Medjugorje me llamaban “hermana” y el trato era como tal. Para mí, al principio era un poco extraño el hecho de volver a un lugar que ya conocía, pero estaba vez como “hermana” (así me veía la gente). Me impresionó cómo puede cambiar el trato hacia una persona por el simple hecho de llevar un hábito o ropa que muestra su entrega y dedicación al Señor.
Pude compartir con la gente y responder a las preguntas e inquietudes que tenían tanto sobre mi vocación como acerca de la Congregación.
Al regreso, en el autobús, me ofrecieron la oportunidad de dar un pequeño testimonio sobre las hermanas mártires de Nowogródek, la Congregación y la misión en Benicasim.
La gente me agradeció el compartir este testimonio. Me impresionó como después de hablar sobre la Congregación unas jóvenes me hicieron varias preguntas tanto sobre mi vocación como sobre nuestra misión y carisma.
Ha sido una experiencia muy enriquecedora y gratificante poder pasar estos días en Medjugorje, que es un lugar muy especial para mí, con este grupo de familias.
Doy gracias a Dios y a la Virgen por hacerlo posible.
Marta Padilla Cortes




